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LOXA

Estampas y bailes a partir de los experimentos radiofónicos de Juan de Loxa

UN PROYECTOR DE FLAMENCO, MÁS QUE UN PROYECTO, DE LA BAILAORA LEONOR LEAL (PARA JUAN DE LOXA, UNA NIÑA)

Un proyecto que pretende consolidar esa manera de hacer propia de la bailaora Leonor Leal, que dirige, coreografía y produce. Por eso insisten sus colaboradores, y aquí está Pedro G. Romero escribiendo y aportando a este artefacto poético.

Por eso, María Muñoz y Pep Ramis (Mal Pelo) están, colaborando también, en la dirección y el espacio escénico, como ya María Muñoz hizo en “J.R.T.“o en “Nocturno”.

Por eso está Antonio Moreno (percusiones) y Juan Jiménez (saxo), o sea, el dúo Proyecto Lorca, que trabajan en Utrera donde ahora vive, también, Leonor. Y, quizás, por eso también el gran Tomás de Perrate (cante), que es Utrera mismamente, y María Marín (guitarra y cante), que es de Utrera y ahora está en los Paises Bajos. Y Salvador Gutierrez (guitarra), guitarrista de Écija con larga trayectoria.

No estamos desarrollando su currículum, no se trata de eso, sería interminable, desde los años 60, en Granada o en Madrid, cuando rascas en algún flamenco interesante, siempre aparece Juan de Loxa. Hemos hablado de Mario Maya, pero también con Enrique Morente hizo ese disco en Fuentevaqueros, un tesoro de donde nace toda la enjundia lorquiana de Morente. Un regalo, decía Enrique, “lo que me hizo Juan de Loxa fue un regalo”. Y esa idea del regalo es fundamental para nuestro propósito. Cada vez que quedaban, Juan le llevaba un regalo a la niña, a Leonor Leal. Los últimos años de su vida, Juan dedicó mucha mesa de camilla a explicarle y trasmitirle a Leonor eso que eran sus cosas. Había algo, Juan de Loxa siempre hablaba de que iba a hacerle un regalo, es decir, a escribir algo para que lo hiciera “la niña”. Pero eso, se acabó con su muerte, bien finiquitado quedó. Más, la idea básica es esa, esa continuidad, esa regalía. Tomar de la obra de Juan de Loxa un mundo entero de palabras y cosas, imágenes, músicas y danzas, palabras y tiempos con los que Leonor Leal pueda configurar su propio camino, su propio cruce de caminos, ese, de la vanguardia, lo culto y lo popular en una mezcla propia, con su propio molido y su infusión también propia. No se trata de una semblanza biográfica, ni de recoger todos los hallazgos de Juan de Loxa, ¡que son muchos!, en el campo del flamenco y las artes populares. Se trata de que Leonor Leal vuelva a hacer ese camino, esos caminos, ¡que la niña se pierda en su propia encrucijada!, ¡una bailaora con su propia radiestesia!, qué palabro más grande, radiestesia, ah, sí, ese zahorí que era Juan de Loxa.

Pedro G. Romero

“Conocer a ciertas personas en la vida te puede abrir una ventana, una puerta o la cabeza si es que hay un click. Juan de Loxa corresponde a esto último para mí.

Poeta, creador, intelectual, flamenco, orador, impulsor, generador de ideas, movilizador de fantasías... Su humor, su elocuencia y su versatilidad me cautivaron. Conocerlo me hizo sentir como en casa.

Compartimos largas charlas y planeé mil cosas para ver juntos. Fue un amigo tardío y fugaz pero las neuronas me las dejó bailando. Tanto es así que en esta propuesta me permito seguir conversando con él, de alguna manera, aunque ya no esté. Es tan grande mi curiosidad por sus propuestas sobre lo que él llamó “Jondismo” o el penúltimo -ismo de vanguardia, que me embarco en este reto sabiendo que mil cosas me sorprenderán dentro de esta “caja de galletas”. Y lo digo porque aún me acuerdo de una caja de galletas de chocolate que un día me trajo y que con cierta extrañeza agradecí. Días más tarde, cuando fui a abrirla para merendar en mi casa, me encontré que dentro me estaba esperando una cerámica granadina muy bonita pero que no se comía. Así me dejó. Sorprendida y sonriendo. Juan siempre me regalaba cosas con otra apariencia.

Este espectáculo parte de mi deseo de conocerlo aún más, no sólo para recordarlo sino para seguir creando desde él y rozar, quizás, el techo de una carpa de circo o el raigón de su Andalucía cruda y peluda.

El cante de Morente o los pies de Mario Maya fueron poemas convertidos en utensilios de batalla para él. Para mí, Loxa es en sí mismo un utensilio de batalla pero también de vanguardia y de un largo etcétera más fácil de contarlo bailando y cantando que aquí.

SIGUE BUSCANDO, decía el interior del envoltorio de los Palotes de fresa de cuando éramos chicos.

¡LOXA! Diría cuando te tocase el premio.

¿Te imaginas, Juan?”

Leonor Leal

UN PROYECTOR DE FLAMENCO, MÁS QUE UN PROYECTO

Lo que empezó a surgir en las investigaciones de Leonor Leal y su interlocutor, Juan de Loxa, fue algo más que una pesquisa, fue un flechazo, un amor. A Juan le encantaba su cabeza, su peluquería y el andar de bailaora, todo en el mismo lote. “¡Ay!, ¡si yo pudiera comentarle a Pilar!” y se refería a Doña Pilar López, la gran maestra del baile de después de la guerra civil española. Pero rebobinemos, porque Leonor Leal llegó a Juan de Loxa para hablar de Ceremonial, de ¡Ay, jondo!, de sus colaboraciones con la Compañía de Teatro Gitano Andaluz de Mario Maya y quedaron atrapados en una conversación que llevó por muchas cosas más. Juan, lo mismo te enseñaba una balanza de níquel, un objeto precioso y futurista que te desplegaba un abanico y te hacía, ¡así, niña, así!, mientras una cascada de palabras interminable repasaba la Granada de Julio Egea y Enrique Morente, de Poesía 70 y de Carlos Cano y de la poesía fonética y de Andy Warhol y Marifé de Triana, juntos por cuchillos, calaveras y besos, de Heredia Maya y Mario Maya, la época Maya del flamenco, antes de los aztecas, que los aztecas vinieron después... sean ustedes conscientes, lectores, que intento aproximarme mínimamente al decir de Juan de Loxa, a su expresión y su dialecto y me resulta casi imposible o imposible, ¡vaya!... y es que su mezcla de lo culto, lo popular y la vanguardia era y es una conjunción única. No sólo el juego de los tres elementos, la vanguardia, lo culto y lo popular, si no su manera de entenderlos a los tres de una sola vez, sin comas ni puntos y aparte. Y eso, ¡ahí está!, es lo que atrapó en la red a Leonor Leal. Ella estaba en esa misma encrucijada de caminos, lo popular, la vanguardia y lo culto, y lo ensayaba y lo buscaba pero, de pronto, encontrarlo así, de una vez y sin separaciones. Eso era emocionante. Poder escucharlo de una voz tan viva en un cuerpo cansado, eso era un deleite, un momento especial del afecto. Juan de Loxa, en efecto, pensó siempre que la vanguardia solo salía de ahí, de esa falta de separación entre culto y popular que eran, sí, la misma cosa. Había entendido bien porque Lorca o Alberti o Aleixandre hablaban de la poesía cubista o de la surrealista como algo que ya era una tradición popular en la poesía española. Y se aplicó al cuento. Juan, además, vivió un momento crucial en ese cruce de caminos, valga la redundancia y la abundancia, la mercantilización, la sociedad de consumo y el desarrollo del gusto por parte de las masas eran para él, no necesariamente el camino de la alienación, eran una oportunidad, también, pues ahí, en ese pop publicitario que triunfaba estaba el peligro, sí, pero también la salvación. Su compromiso político durante el tardo franquismo y su abierta condición homosexual fueron delicados escenarios desde los que plantear esa relación con lo popular en lo que lo íntimo era también lo político. Sabía que la mercancía podía convertirse en fetiche pero que de eso no necesariamente tenía que resultar la fetichización, es más, quizás la sacralización poética de la cosa podría frenar el peligro consumista del capitalismo. Los escarceos, idas y venidas constantes, de Juan de Loxa por esa imaginería estaban llenos de precauciones y de sobresaltos, entraba y salía... Juan era un crítico demoledor del consumismo pero incapaz de negarle la chocolatina de menta en la mesa del pobre.

No estamos desarrollando su currículum, no se trata de eso, sería interminable, desde los años 60, en Granada o en Madrid, cuando rascas en algún flamenco interesante, siempre aparece Juan de Loxa. Hemos hablado de Mario Maya, pero también con Enrique Morente hizo ese disco en Fuentevaqueros, un tesoro de donde nace toda la enjundia lorquiana de Morente. Un regalo, decía Enrique, “lo que me hizo Juan de Loxa fue un regalo”. Y esa idea del regalo es fundamental para nuestro propósito. Cada vez que quedaban, Juan le llevaba un regalo a la niña, a Leonor Leal. Los últimos años de su vida, Juan dedicó mucha mesa de camilla a explicarle y trasmitirle a Leonor eso que eran sus cosas. Había algo, Juan de Loxa siempre hablaba de que iba a hacerle un regalo, es decir, a escribir algo para que lo hiciera “la niña”. Pero eso, se acabó con su muerte, bien finiquitado quedó. Más, la idea básica es esa, esa continuidad, esa regalía. Tomar de la obra de Juan de Loxa un mundo entero de palabras y cosas, imágenes, músicas y danzas, palabras y tiempos con los que Leonor Leal pueda configurar su propio camino, su propio cruce de caminos, ese, de la vanguardia, lo culto y lo popular en una mezcla propia, con su propio molido y su infusión también propia. No se trata de una semblanza biográfica, ni de recoger todos los hallazgos de Juan de Loxa, ¡que son muchos!, en el campo del flamenco y las artes populares. Se trata de que Leonor Leal vuelva a hacer ese camino, esos caminos, ¡que la niña se pierda en su propia encrucijada!, ¡una bailaora con su propia radiestesia!, qué palabro más grande, radiestesia, ah, sí, ese zahorí que era Juan de Loxa.

Ahora sí, es Pedro G. Romero el que habla. Cuando murió Juan de Loxa, a los pocos días, me llamó Mariana Ovalle, la viuda de Mario Maya, para decirme que Juan, en sus últimos días, le había dejado un sobre para mí y que ella se marchaba de viaje pero que podía recogerlo en el tablao Los gallos, allí me lo daría Doña Blanca. Yo había conocido a Juan de Loxa porque resaltábamos su influencia en la escena flamenca y teatral en la exposición Máquinas de Vivir que presentamos en Madrid y Barcelona y de la que Leonor Leal era colaboradora. Juan quedó encantado de la manera en que le leíamos. En realidad nos conocíamos de antes, pues los productores de aquella exposición y viejos amigos de ambos, Joaquín Vázquez y Miguel Benlloch –este último, hizo mucho de celestina para que nuestras conversaciones cuajaran bien, es verdad- eran originarios de Loja, origen de la Loxa final que apellidaría a Juan. También, hablamos, claro está de José de Val del Omar, el más importante artista de Loja y que ya hacía que Juan reclamara para su pueblo un puesto importante en la modernidad española y andaluza, una cumbre del arte contemporáneo de toda Europa. El caso es que, volviendo a la carta sellada que me guardaba Doña Blanca, un marco escenográfico y una peripecia, la de esa misiva, que Juan parecía haber diseñado muy bien, en realidad, lo que el sobre contenía eran unos papeles, fotocopias de sus primeros textos flamencos llenos de correcciones y anotaciones al margen, vinculando muchos de sus asertos y versos con cosas que habían realizado otros artistas flamencos no sólo en su presente o en el futuro, también en el pasado. El anacronismo anacronista era una de las principales herramientas de Juan, instrumento fundamental de su poética. Ya digo, no era nada pomposo, nada del tipo yo hice esto o yo hice lo otro, simplemente era una genealogía y una arqueología de lo que habían sido sus relaciones con el flamenco, con la copla, con lo jondo. Tampoco le di yo mucha importancia a la misiva y la almacené en su apartado correspondiente de mi archivo, donde Juan de Loxa tenía entrada propia. Pero revisando esos mismos escritos para este proyecto en el que me embarca Leonor Leal, veo, que lo importante no era solo el tesoro de informaciones que Juan me daba, también el tiempo adverbial y la cortesía y los protocolos eran importantes. El flamenco es un arte de archivo que, a la vez no tiene memoria. Juan siempre lo decía, los flamencos a fuerza de tener que hacerse un pasado se lo inventan, eso en el flamenco se llama investigación. Pues bien, obviando el documento me di cuenta de las otras cosas que Juan de Loxa me decía en la carta. “Y a la señorita Leonor Leal le dejo que haga lo que quiera”, escribía Juan misterioso, “a la investigadora que no investigue más y que haga lo que quiera”, repetía.

Entonces, el proyecto pretende consolidar esa manera de hacer propia de la bailaora Leonor Leal. Por eso insisten sus colaboradores, y aquí está Pedro G. Romero escribiendo. Por eso, María Muñoz y PepRamis (Mal Pelo) van a estar, también, en la dirección escénica, como ya María Muñoz hizo en “J.R.T.“ o en “Nocturno”. Por eso está Antonio Moreno y Juan Jiménez, o sea, Proyecto Lorca, que trabajan en Utrera donde ahora vive, también, Leonor. Y, quizás, por eso también el gran Tomás de Perrate, que es Utrera mismamente, y María Marín, que es de Utrera y ahora está en los Paises Bajos. Y Dani de Morón, impresionante guitarrista que, como su nombre indica, es de Morón de la Frontera, lugar tan ligado en el flamenco a Utrera.

Porque esto son cosas que se están hablando y que sumamos de las conversaciones con Juan de Loxa que invitaba a distinguir entre la danza y el baile, que eran la misma cosa pero había que distinguirlas, unas veces una danza nos parece danza y es baile y otras un baile nos parece baile y es danza, son distinciones que se deben saber, sí, eso era bueno saberlo, que son la misma cosa y son cosas distintas a la vez, y eso lo sabe bien Leonor Leal.

Y aquí estamos, a ver cómo sale esto, Juan. Parece que hay ganas.

Pedro G. Romero

Nota: mientras se configura LOXA, como el trabajo escénico y coreográfico que es, la propia Leonor Leal prepara una de sus conferencias escénicas, un género que ella está reinventando, sí, a su manera. Allí, se atiene a la biografía y los logros del mismo Juan de Loxa y de su trabajo y venero y personalidad es de lo que se habla, se dice, se baila. Es de ese manantial de informaciones y afectos del que se toman luego los elementos que libérrimamente se muestran en LOXA. Así, como aviso, es ciertamente muy pertinente que en muchos casos la conferencia escénica y el espectáculo, aunque sean verdaderamente cosas diferentes, se den en un mismo programa, antes o después, se relacionen, ayuden a levantar la atención o a mantener el recuerdo. También en esto seguimos atentos a Juan de Loxa.

CRÉDITOS

Leonor Leal Dirección, coreografía y baile
Pedro G. Romero Aparato y consultoría artística
María Muñoz y Pep Ramis (Mal Pelo) Colaboración en la dirección
Antonio Moreno (Proyecto Lorca) Percusiones
Juan Jiménez (Proyecto Lorca) Saxos
Tomás de Perrate Cante
María Marín Guitarra y cante
Salvador Gutiérrez Guitarra
   
Carmen Mori Iluminación
Fanny Thollot Banda sonora
Raúl Guridi Concepto estético
Teresa Baena y Carme Puig de Vall i Plantés Diseño de vestuario
Manu Prieto y Ángel Olalla Técnicos de sonido
Fernando Brea Técnico video

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