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LA EDAD DE ORO

En el flamenco, como en todas las artes, historiadores, especialistas y críticos han ido definiendo progresivamente unos periodos de referencia a los que han llamado La Edad de Oro.
La Edad de Oro del flamenco corresponde al periodo que va del último tercio del siglo XIX al primer tercio del siglo XX. Esta Edad de Oro se refiere principalmente al cante y al baile, ya que la guitarra tardaría aún muchos años en desarrollar su auténtica valía.
Desde este punto de vista ningún cantaor o bailaor de hoy, salvo casos excepcionales, podría igualar en calidad, pureza y creatividad, a aquellos que, llevando el flamenco a su apogeo, han firmado esta Edad de Oro. Habría, desde entonces, un declive de los cánones formales del arte flamenco tal y como quedó establecido en esa época dorada. Empobrecimiento, simplificación, mestizajes y fusiones, así como pérdida de contenidos, de sentido y del espíritu que animaba a este arte.
Con David Lagos, cantaor que atesora con mimo los cantes de las épocas doradas, y Alfredo Lagos, joven guitarrista, hermanos y de Jerez, tierra natal del flamenco, Israel Galván se amarra a las referencias buscando la aproximación a los cánones, para tirar la edad en provecho del oro, el oro del tiempo presente que se muestra ante nuestros ojos, ante nuestros sentidos.


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De las muchas definiciones que del tiempo mítico que fue La edad de oro podemos encontrar, sin duda las que más convienen a nuestros protagonistas son estas.
Cuando hablamos de La edad de oro como un tiempo mitológico en el que la muerte se encontraba encerrada y se le negaba la posibilidad de hacer su trabajo, sin duda nos acordamos de la guitarra de Alfredo Lagos. La muerte estaba ahí, mientras el mundo vivía en paz, amor y concordia, la muerte terrible estaba ahí impedida de actuar. Escuchamos la seguiriya de Alfredo Lagos como un canto a esa edad de oro, a ese tiempo.
Cuando hablamos de La edad de oro como un tiempo pasado que fue mejor, a esa época dorada que a menudo se establece como fuente de referencia y canon artístico, estamos en una conversación con David Lagos. Debemos situarnos entre los años cincuenta y sesenta, entre las grabaciones de José Manuel Caballero Bonald para el Archivo del cante flamenco del sello Vergara y la serie de televisión Rito y geografía del cante que filmaran Mario Gómez y José María Velázquez. Estamos hablando de Tio Gregorio Borrico, Juan Talega, Manuel Agujetas, Manuel Soto “Sordera”, Perrate, Tia Anica la Piriñaca, y claro está, de Terremoto de Jerez. Cada cantaor, cada forma de entender el cante tiene su edad de oro, su genealogía. Es una suerte que esta la tengamos grabada en imágenes y sonido.
Cuando hablamos de La edad de oro como un tiempo nuevo, que se corresponde con el de la película de Luis Buñuel, ese cruento retrato de la burguesía, casi un documental psicopatológico de los males de su época, de las distintas violencias que su tiempo encarna mientras marcan las horas los pies de Israel Galván. Es un tiempo extraño aunque nadie pueda apreciarlo en su estampa clásica: siempre se escapa un brazo de su ángulo, se desdibuja el suelo debajo del zapato, el equilibrio está a punto de perderse y casi se ve el cuerpo ya caído, extendido a lo largo del suelo. Es verdad que convive aquí Jesucristo con el Marqués de Sade, en un paso a dos que la danza de Israel Galván encarna. Es cierto que el oro aquí casi se transforma en orín para volver después a brillar en todo su esplendor dorado. Hablamos del baile de Israel Galván no como de un tiempo nuevo, sino de la exposición de nuevos aspectos del baile que provienen desde el fondo de los tiempos. La cara oculta o mejor, el rostro completo de un baile que quiere ser clásico y que solamente ahora, con Israel Galván, se muestra en todo su esplendor, verdadero y barroco. Recuerdan la escena de la película en la que un niño no para de jugar por el campo hasta que su padre, el guarda de la finca, harto de que no le obedezca lo encañona con su escopeta, le apunta y le dispara. Recuerdan la caída del niño herido de muerte en el inmenso prado. Inténtenlo ahora a cámara lenta. Cada movimiento, cada gesto es repetido en esta edad de oro por Israel Galván.
Pero todas estas referencias quedan debajo. No debemos perderlas de vista, pero se encuentran ocultadas, mejor dicho eclipsadas. Lo que brilla en el escenario es una referencia al tiempo, si, a los tiempos complejos del maridaje del toque, el cante y el baile flamencos. Simplemente eso. Un juego de tiempos en una sesión de factura clara, luminosa, resplandeciente. Una guitarra, la garganta de David Lagos y los pies de Israel Galván. Sólo les digo que no pierdan de vista las sombras, la edad de oro fue siempre una época de espejismos y trampantojos.

Pedro G. Romero

Créditos ⬇

Duración75 minutos
Baile Israel Galván
Guitarra Alfredo Lagos
Cante David Lagos
Coreografía Israel Galván
Dirección artística Pedro G. Romero (Máquina P.H.)
Diseño de iluminación Diseño de iluminación
Sonido Pedro León
Producción A NEGRO PRODUCCIONES
Estreno el 17 de febrero de 2005 en el XIII Festival Flamenco Cajamadrid, Madrid


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